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Documentació

"Hay una ceremonia de autodestrucción entre los intelectuales que aspiran a no ser leídos"

Entrevista publicada a “El País” el 19/02/2005 per Rosa Maria Piñol

Joan Margarit (Sanaüja, 1938) ha querido dar a su nuevo poemario el título de Càlcul d´estructures en parte como homenaje a la asignatura del mismo nombre que hasta su jubilación como catedrático impartió en la Escola d´Arquitectura. Pero también porque cree que, "al igual que en el cálculo de estructuras arquitectónico, has de procurar que con la menor cantidad de material la obra sea lo más resistente posible, también en poesía se trata de lograr la máxima expresividad con el mínimo posible de imágenes". El amor ligado al sexo, el paso del tiempo y la muerte son temas dominantes en los 69 poemas del libro, editado por Proa.

Es el primero que publica desde Joana (2002), el intenso poemario dedicado a la muerte de su hija.

-En Càlcul d´estructures convergen varios hilos temáticos.

¿Es deliberado?

-El hilo conductor de un libro te lo da el estado de ánimo del periodo en que lo compones. Y en éste hay dos o tres. Algunos de los poemas aún están impregnados de la ausencia de mi hija. Pero si el libro Joana era duro porque estaba hecho en el momento del drama, aquí éste ya se ha interiorizado: la persona ausente acaba estando en ti de otra forma. Pero a la vez entras en otra etapa: la del horror ante la posibilidad de que la ausencia ya no te duela. Es decir, la amenaza del olvido.Y te dices: prefiero el dolor al olvido.

En algunos textos poetiza el amor ligado al sexo, pero desde la perspectiva de la senectud.

-Los poemas de amor y sexo se relacionan y enlazan con los de senectud. Este tema no es mérito mío, sino de la mayor esperanza de vida que tiene nuestra generación, lo que permite que podamos componer poemas de sexo y amor entre los 60 y los 90 años. Es verdad que algunos poetas especialmente longevos ya lo habían hecho, como Thomas Hardy o Milosz, dos autores a los que por cierto he traducido. -"Ja no m´importa si la Mort em veu", dice uno de sus versos. Y otro: "Costa entendre la vida, no la mort".

La idea de la muerte traspasa el libro: la de sus seres queridos, pero también la suya propia.

-Mi propia muerte cada vez me interesa menos. Es la de los otros la que me impacta. En este sentido, me siento cada vez más un poeta realista: la trascendencia que se busca en torno a la muerte me parece irrelevante. Y, desde que murió Joana, no le tengo ningún temor.

El poema Càlcul d´estructures funde el tema del amor de juventud con el de la arquitectura.

-Sí, y contiene una descripción de la Barcelona postolímpica en negativo. Hablo de la ciudad que ya no me protege del viento y de la lluvia. En las zonas nuevas predomina una arquitectura de escaparate, que no se ha hecho pensando en las personas. Y si, en vista de ello, te vas a la Barcelona vieja, te la encuentras convertida en parque temático.

En un epílogo defiende que la poesía ha de poder entenderse. ¿Es una crítica a los autores crípticos?

-Defiendo que la poesía debe ser algo exacto, una construcción en la que no puede sobrar ni faltar ninguna pieza. Si las matemáticas son la más exacta de las ciencias, la poesía es también la más exacta de las letras. Pero sobre todo el poema debe ser inteligible. No es admisible que a una persona que lleva años leyendo se le diga que no podrá entender unos versos porque la poesía es difícil. Casi siempre que un poema resulta para alguien un búnker inaccesible, la culpa es del poeta.

¿Esto resta lectores a la poesía?

-Aleja a los lectores, claro. Hay una especie de ceremonia de autodestrucción de algunos intelectuales que parecen aspirar a no ser leídos, a una poesía que no dice nada a nadie. La poesía críptica es el chollo del poeta malo, porque no corre el riesgo de que le lean. Yo aspiro a tener lectores. Por eso insisto en que la poesía ha de ser inteligible; pero además ha de ser buena, claro. No hay que olvidar que, junto con la música, es una de las pocas armas de consuelo personal.

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